Dando entre dichos y refranes

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Dicen que cuando uno escribe una columna, hay que citar a personajes expertos en los temas y de preferencia de gran renombre. La verdad, es que esta vez voy a citar a mi mamá, no será una experta de gran renombre, pero sí la persona que me dijo esta frase:

“No doy porque tengo, sino que tengo porque doy”.

(Aclaración: Quise investigar la autoría de esta frase, pero la encontré tanto en poemas, como en artículos sobre metafísica y la Ley de la Compensación, así que por el momento diré simplemente que es una frase que me dijo mi mamá, quién seguramente no la leyó en una revista de chismes de estrellas y políticos).

Encontrarle el significado a esta frase nos resulta muy sencillo de comprender si lo llevamos al plano económico, está muy clara la relación “socio-socio” que representa el dar ya sea una dádiva, diezmo, préstamo, regalo o el concepto que ustedes elijan.

Para una persona puede ser reconfortante el dar dinero y éste se le multiplica, siguiendo el principio de “lo que das; recibes”. Aunque no neguemos que esta frase nos resulta incómoda cuando “no tenemos cambio” o “monedas sueltas”. Ahí sí nada más – no tengo- y, -no tengo-.

Pero me voy a atrever a llevar esta frase a otro plano. El plano de lo personal, de lo que cada uno experimentamos en nuestras vidas. Creo que lo más valioso en nuestras vidas es el tiempo. Para algunos el tiempo puede tener un valor económico, para otros un valor emocional o sentimental, y para algunos puede hasta significar el valor que dan a su vida en ese momento. El tiempo de una persona sana no tiene el mismo valor que el tiempo para una persona en alguna fase terminal. El tiempo de convivencia en familia, no tiene el mismo valor para el papá o mamá que tiene que salir frecuentemente de viaje contra el valor que puede tener el tiempo para aquél integrante de la familia que se cansa de la rutina diaria de “tener que comer juntos”. Dar nuestro tiempo es algo que no puede tener un valor, dar nuestro tiempo requiere de valor.

Si damos nuestros sentimientos, (¡huy, en qué conflicto me estoy metiendo con este tema!) es mucho más profunda la frase y más si la combinamos con la que dice “uno no puede dar lo que no es o tiene”.

Dar sentimientos es un arte. Poder transmitir alegría, tristeza, enojo, frustración, venganza, amor o paz, requiere del mismo esfuerzo; únicamente cambia el enfoque. “Tengo porque doy”; en cuestión de sentimientos creo que es uno de los retos más difíciles como ser humano que tenemos. Generacionalmente el compartir sentimientos se ha visto como un signo de debilidad o una falta de carácter. “Llorar no es de machos”, “no me vengas con historias de niñas”, “no seas fantasiosa, el romanticismo no existe”, “esos son puros sueños, sé práctico”; estas son frases que seguramente escuchamos en algún momento de nuestras vidas. Dar de nuestros sentimientos puede ir desde un simple gesto, unas palabras o líneas de aliento hasta abrirnos a “flor de piel” sin temor alguno. Nunca podremos estar seguro del alcance que pueda tener una o dos palabras que digamos ni el nivel de impacto que generemos en otras personas.

Lo importante es que tengamos conciencia de que demos lo que demos, sea dinero, sentimientos o tiempo, siempre habrá un efecto en otras personas y si no damos, tampoco está mal, porque quiere decir que somos honestos y no nos engañamos “dando” algo que no tenemos. Eso sí, si llegaron a leer hasta este punto la columna, no me queda más que dar las gracias de todo corazón por su tiempo que me dieron.

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