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D.O.C. CDMX®

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Como sociedad nos enfrentamos a nuevos retos día con día. Ya sean retos para subsistir y no morir atropellados en las calles y avenidas por los transportistas y conductores que no respetan los cruces peatonales, retos para llegar a tiempo al trabajo después de haber dado de desayunar a los niños, preparar sus refrigerios, hacerle el café a la pareja, dejar la cocina limpia y haber dejado a los niños en sus respectivas escuelas, retos para que en tu oficina no te “cuelguen el muerto” (expresión figurada muy mexicana, que pareciera que se está volviendo literal) y retos en general para subsistir en estas junglas a las que llamamos ciudades.

Por si fueran poco los retos antes mencionados, ahora en la Ciudad de México tenemos un reto más, que produce ansiedad y nos está generando una calvicie que ningún producto nos puede salvar, aunque lo apliquemos dos veces al día durante cuatro meses. ¡No sabemos cómo llamarnos! Así es, para nuestros amigos de otras ciudades y países, les parecerá extraña esta angustia que tenemos, pero es legítima. Hace algunos días se aprobó una modificación a la Constitución Mexicana (abrevio el nombre completo de la Carta Magna, porque el editor de la revista me limita en los caracteres que puedo utilizar), en la cual se establece que la Ciudad de México se convierte en una Entidad Federativa más.

Claro que esto ha traído una gran incertidumbre a todos nosotros que vivimos en la Ciudad de México. Pareciera filosófica la pregunta: ¿Quiénes somos? (¿A dónde vamos y de dónde venimos?). Todos los días al despertar y ver los volcanes nevados, me pregunto: ¿Qué soy? En verdad que envidio a las botellas que tengo en mi pequeña cava: Mi tequila de Jalisco, mi mezcal de Oaxaca, mi Champaña de Champaña, el Jerez de Cádiz o el Ouzo griego, todas ellas (las bebidas) saben de dónde vienen y tienen un nombre propio, nosotros carecemos de gentilicio.

Se han hecho encuestas al respecto, que si retomamos nombres patrióticos de origen indígena, si tomamos el nombre de los que migraron a la ciudad durante el siglo pasado, si nos quedamos como estamos o si se registra un nombre totalmente nuevo y original.

Lo que sí fue un acierto mercadológico fue el registro de CDMX® para la ciudad pero un caos para el sistema de registro de identificación de ciudades ya que a nivel internacional solo se permiten tres letras. Nuestro aún Jefe de Gobierno, insiste en mantener su marca registrada, veremos qué pasa en ese sentido. (Algunos ejemplos son ACA / Acapulco, SAN / San Diego, FRA / Frankfurt, MVD / Montevideo, SCL / Santiago, etc..)

En fin, esperemos que nuestro honorable Congreso Constituyente de la Entidad Federativa Ciudad de México, nos dé una denominación de origen que esté a la altura de la CDMX, es decir a 2, 250mts sobre el nivel del mar). Como buenos mexicanos, nos gusta el “arguende” y veamos si quedamos satisfechos. Tan sencillo tomar el ejemplo de los gentilicios de ciudades-estado de otros países. Parece ser que en nuestro caso, inventamos el hilo negro.

Mientras tanto podemos jugar a la lotería de nombres y divagar respecto a nuestro nombre. Se despide con un fuerte abrazo este humilde, ciudad mexiqueño, chilango, capitalino, cdmegiquense o como se les ocurra mencionar de dónde vengo, al fin, nada está definido más que mi tequila que me voy a tomar en este momento, brindando por todos aquellos que sí saben qué son.

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